martes, 14 de enero de 2014

BLOQUE II .ACTIVIDAD. BORRADOR 2


ADAPTACIÓN DEL CUENTO TODA CLASE DE PIELES

Hace mucho tiempo , en el lejano planeta de marte, existían dos reinos poblados por unos extraños pero hermosos seres: el reino de Amapoli, poblado por seres de color rojo y el reino de Hortensi, cuyos habitantes eran de color azul celeste. Eran seres muy felices , como lo reflejaban sus sonrisas. El único momento en que no sonreían era cuando pensaban en lo que habría al otro lado del río Tangis. La tradición decía que más allá del mismo existían unos peligrosos seres que se comían a los marcianos. Los habitantes de Amapoli y Hortensi que se habían aventurado a cruzarlo no habían regresado nunca.  

Los dos reinos vivían en paz, como demuestra el hecho de que los reyes buscaban  a sus consortes en el reino vecino. Así en Amapoli, la reina era de descendencia roja y el rey de estirpe azul. Ambos eran muy felices y casi siempre sonreían, excepto en los momentos en que se imaginaban lo maravilloso que sería tener un bebé malva. La realidad era que llevaban cinco años casados y la cigüeña no se había posado todavía en la azotea del palacio.

Una soleada mañana en la que los reyes desayunaban en la azotea, vieron cómo una hermosa cigüeña comenzó a volar sobre sus cabezas, dando vueltas en forma de corazón para desaparecer al poco rato. Los dos reyes pensaron que esto era un augurio y su conjetura se cumplió cuando nueve meses después una preciosa niña de color malva nació. Decidieron ponerle el nombre de Malva, por su bonito color de piel. Todo el que la miraba quedaba prendado de su sonrisa,  la más maravillosa que se había visto jamás en el planeta marte.

Sin embargo no todo era alegría, pues la reina  quedó muy débil tras el parto y falleció. Antes de morir la reina pidió al rey que hablara a menudo de ella a su hija para que siempre estuviera presente en su vida. Asimismo le entregó dos objetos para que se los diera a Malva cuando ésta tuviera dieciocho años. Se trataba de  su vestido y sortija de pedida. Ambos  estaban fabricados con rubíes y turquesas, símbolos de los reinos de Amapoli y Hortensi .

Tras la muerte de su mujer, el único consuelo del rey era estar con su hijita, de la que recibía constantemente las más preciosas sonrisas que se hayan podido ver. El tiempo fue pasando y la joven princesa fue creciendo no sólo en belleza sino también en simpatía y bondad.

Faltaban unos meses para que la princesa cumpliera dieciocho años, edad en la que se suponía que se debía comprometer según las costumbres del reino. La verdad es que no había mucha opción pues los reyes de Hortensi sólo tenían tres hijos . Los tres eran muy pesados, no compartían su gusto por la lectura y la música y sólo hablaban de mutbol, un deporte varonil muy popular en marte. Cada vez que la sacaban a bailar accedía por no dejarlos mal ante los cortesanos, que no paraban de hacer comentarios y conjeturas sobre quién sería el próximo rey.

Su padre que hasta entonces la había dejado muy tranquila en relación a este tema comenzó a insistirle cada vez más para que buscara un príncipe de su gusto. La presión se hizo insoportable tras cumplir los dieciocho años pues además de repetirle diariamente la importancia de que eligiera un futuro esposo organizaba bailes semanales con este fin. Malva asistía a estos con tedio pues sabía que tendría que bailar con los tres príncipes de Hortensi.  La princesa tomó la resolución de actuar y le dijo a su padre que estaba dispuesta a casarse con uno de los tres príncipes de Hortensi  a cambio de un regalo que siempre había deseado: un abrigo confeccionado con todos los animales del reino.  El rey no se desmotivó ante la dificultad del encargo sino que sin dilaciones llamó a todos sus cazadores y sastres para que se pusieran manos a la obra. Le dijo a su hija que cuando el abrigo estuviera terminado debería darle el nombre del príncipe elegido para anunciarlo de forma oficial.

 

El día en que se terminó el abrigo, año y medio después, el rey corrió a entregárselo a su hija y a preguntarle el nombre del futuro príncipe. Malva le comunicó que ya había hecho su elección pero que necesitaba sólo de una noche más para reflexionar. El rey accedió a pesar de extrañarle esta petición.

A medianoche el silencio reinaba en el palacio. Malva se puso su abrigo de pieles, cogió el pequeño cofre donde había guardado el vestido y la sortija de su difunta madre y partió al lomo de su mascota, un murro rojo, animal marciano parecido al burro con largas orejas en forma de espiral. Había colocado sobre el murro una pequeña maletita que contenía el vestido de rubíes así como los víveres más necesarios para el camino.

La princesa y su murro anduvieron  durante horas sin parar. Al llegar al Tangis  cruzaron por el puente de piedra construido siglos antes por los primeros aventureros que  habían osado cruzar el río.

Muy pronto se hizo de noche y Malva encendió una potente linterna para iluminar el camino. Los aullidos de animales que se escuchaban sin cesar atemorizaron al murro, que paró en seco negándose a continuar. Sin embargo las palmaditas que Malva le propinó en el lomo y la canción que ésta entonó para tranquilizarlo le animaron a proseguir la marcha. La princesa estaba muy sorprendida  de sí misma pues no tenía miedo. ¿Sería por el abrigo de pieles que le había regalado su padre o por el firme convencimiento de que su decisión la llevaría a buen puerto?.

Pronto el gusanillo del estómago comenzó a protestar y pararon para probar algunos víveres. Poco a poco la princesa sintió cómo se le cerraban los ojos a pesar de sus esfuerzos por mantenerlos abiertos. Es así como se quedó dormida junto a su murro y en medio de un impresionante escenario nocturno en el que se podían  contemplar las numerosas estrellas y el llamado planeta tierra. Quizá algún día los marcianos podrían visitar este misterioso planeta, pensó Malva y al momento se quedó dormida soñando que se encontraba en él.

Cuando se despertó se sobresaltó al ver gran cantidad de ojos que la observaban. Se trataba de unos misteriosos seres verdes parecidos a los perros . Su miedo se acrecentó cuando se acercaron y empezaron a olfatearla. Más tarde oyó voces en una lengua extraña. Vio como unos marcianos de color verde con atuendos de cazador se acercaban. A pesar de no tener miedo consideró prudente el gritarles que no era un animal sino una marciana vestida con pieles. Ellos parecieron no comprender lo que decía y miraban con insistencia a otro marciano, de color azul celeste, que se acercó y preguntó a Malva “¿Quién eres?”.

Malva sintió cierto alivio al contemplar un marciano azul como los hortensianos y que además hablaba una lengua comprensible. La princesa no quería dar su verdadero nombre y se inventó que se llamaba Toda Clase De Pieles, para rendir homenaje al regalo de su padre. Le dijo que había perdido la memoria y que no recordaba nada de su pasado. El marciano azul ordenó a los marcianos verdes que la llevaran al palacio y que allí la dejaran descansar. También les dijo que al día siguiente podría incorporarse al equipo de cocina del palacio como ayudante del cocinero real.

Es así como Malva se dio cuenta de que el marciano azul era en realidad un príncipe. A las pocas horas llegaron a un precioso  palacio verde construido con piedras preciosas que a la princesa  le parecieron ágatas. Malva y su murro fueron conducidos a un enorme cuarto verde. El suelo, cubierto de hierba,  era muy blandito y se hundía al pisarlo, haciendo la función de un gran colchón. La princesa y su murro durmieron aquella noche como dos bebés. 

Al día siguiente el príncipe la convocó y le propuso trabajar a su servicio en las cocinas del palacio. La princesa accedió encantada al pensar que por fin iba a hacer algo diferente. En realidad ya estaba aburrida de que la sirvieran, ahora por fin iba a ser sirviente.

Sin dilación se presentó al cocinero real y se puso a trabajar. Al principio se entendía por señas, pero poco a poco fue aprendiendo el idioma con lo que sus conversaciones con el cocinero fueron haciéndose más interesantes, sobre todo  a medida que éste le iba hablando de las costumbres de Agathe, nombre del reino en el que se encontraba.

La princesa estaba especialmente intrigada por el príncipe. No comprendía por qué éste era el Malva nunca se quitaba su abrigo de pieles pues estaba decidida a esconder su identidad. Este comportamiento extrañaba al príncipe y a los súbditos. Sin embargo nunca le preguntaron la razón pues sospechaban que lo hacía para esconder algún defecto físico.

único ser azul del reino ni la razón por la que nunca sonreía. Un día el cocinero le contó la historia. El príncipe había sido encontrado por unos consejeros reales cerca del río Tangis a la edad de los seis años. Nadie sabía cómo había llegado hasta allí. Los reyes de Agathe, que no habían tenido descendencia, interpretaron este encuentro como una señal del destino y decidieron adoptarle.  Cuando la princesa escuchó la historia le vino a la mente un suceso muy triste ocurrido en el reino de Hortensis hacía ya más de diez años. Se trataba del extravío del hijo de los reyes,  al que nadie había podido encontrar .

El cocinero también le explicó que el príncipe estaba muy triste  y que todo el mundo suponía que sufría mal de amores. La princesa se quedó muy pensativa, no podía quitárselo de la cabeza. Se dio cuenta de que se estaba enamorando.

La semana siguiente el príncipe cumplía dieciocho años. Sus padres, los reyes, organizaron una gran fiesta a la que invitaron a las mujeres más bellas del reino con la esperanza de que su hijo se fijara en alguna de ellas. Toda Clase De Pieles, comenzó a idear un plan para acudir. Una hora antes del comienzo del baile comenzó a toser sin parar. Comunicó al cocinero real que se encontraba indispuesta y le pidió retirarse a su habitación para descansar un poco. Este accedió a pesar de la gran carga de trabajo que suponía un día tan importante.

La princesa corrió sin dilación a su habitación. Se soltó su hermosa melena y se puso el precioso vestido de rubíes de su difunta madre . Esa noche fue la más feliz de su vida. El príncipe la sacó a bailar nada más verla y por primera vez  no paró de sonreír. No paraba de mirarla embelesado y  le confesó que nunca había visto una sonrisa tan dulce y que era la única mujer que había conseguido que él sonriera a su vez. Toda clase de pieles  pensó que éste era el piropo más bonito que le habían hecho en su vida.

De repente el príncipe sintió miedo de que el azar la separara de aquella mujer que le había devuelto la sonrisa. Sus corazonadas se solían cumplir así que decidió ponerle un anillo disimuladamente para poder reconocerla en el caso de que el destino les separara. En efecto así fue pues Malva, al darse cuenta de que el baile estaba a punto de concluir, se despidió apresuradamente del príncipe dejándolo perplejo. Era decisiva su actuación de las próximas horas pues había planeado pedir al cocinero permiso para subir la cena al príncipe. Malva se dirigió a toda prisa a su habitación, donde se quitó el vestido de rubíes para ponerse su atuendo habitual, el abrigo de pieles.

Corrió a la cocina y dijo al cocinero real que se sentía mucho mejor y que iba a preparar la cena del príncipe. También le ofreció el subírsela ella misma para que él se pudiera tomar un descanso. El cocinero le agradeció este detalle y se retiró un rato a su habitación para descansar .

Esa noche le preparó una sopa muy especial,  en realidad era su sopa preferida, una receta típica de su reino Amapoli.  La preparó con el principal ingrediente para que una comida salga bien, mucho amor. Cuando la terminó dejó caer en la sopa la sortija de pedida de su madre al tiempo que se miraba con una sonrisa el anillo que le había puesto el príncipe, hecho del que se había dado perfectamente cuenta.

Cuando la música dejó de sonar Malva esperó a que todos los invitados del baile se retiraran antes de subir a la habitación del príncipe para llevarle la cena . Cuando la princesa le entregó el plato con la sopa sintió que éste la miraba con mucha atención y que su mirada pasaba sin cesar de su rostro a su mano.  Sólo dejó de mirarla en el momento en que se metió en la boca la sortija . La observó con los ojos muy abiertos  y después volvió a mirar a Toda Clase De Pieles. Cuando el príncipe le preguntó por el motivo de la sortija en la sopa Malva se le acercó sonriendo y le mostró como única respuesta el anillo que el príncipe le había puesto en el baile . El príncipe entonces sonrió a su vez y se sonrojó. Le retiró la capucha del abrigo y le preguntó sonriendo ”¿Quién eres , bella dama de las pieles?”.

Sin parar de mirarla a los ojos, el príncipe le confesó  que era la mujer que siempre había deseado, la única que había conseguido devolverle la sonrisa. A continuación le cogió la mano y le puso la sortija de rubíes y esmeraldas  al tiempo que le pedía el matrimonio. La princesa no cabía en sí de júbilo, su cara resplandecía con la sonrisa más maravillosa que se haya visto jamás. Con un largo beso dejó clara la respuesta a su proposición.

Malva y el príncipe viajaron a Amapoli y a Hortensis para anunciar la boda. Allí se reencontraron con sus respectivos padres. La alegría de los reyes de Hortensis y del rey de Amapoli fue inmensa al reencontrar a sus respectivos hijos, a los que daban por perdidos.El rey estaba tan feliz que perdonó a Malva su fuga.

La boda se celebró en Agathe y a ella acudieron todos los habitantes de los dos reinos, que accedieron por primera vez a cruzar el río Tangis. Es por ello que a partir de entonces no hubo jamás en sus vidas un momento en el que dejaran de sonreir, al igual que ocurrió a los príncipes de Agathe.

 

EXPLICACIÓN DE MI ADAPTACIÓN:

Edad de los destinatarios: segundo ciclo de primaria. Creo que el cuento sería demasiado largo y complejo para los alumnos del primer ciclo.

Primero voy a centrarme en los cambios y a continuación en lo que he mantenido

1.LO QUE HE CAMBIADO:

He cambiado el escenario (marte) y los personajes(marcianos) para añadir fantasía al relato.

He hecho hincapié en cualidades de la protagonista que van más allá de su belleza. Creo que los niños de estas edades necesitan una mayor profundización de los personajes que se aleje de los estereotipos.

Cuando la reina muere no he hecho alusión a detalles que pueden resultar morbosos como el de las hemorragias.

He cambiado los objetos que llegan a la princesa de su madre: un vestido y una sortija de pedida. La finalidad es simplificar la historia y dar un valor narrativo y simbólico a los objetos. También he cambiado la alianza de boda por una sortija de pedida para graduar la historia de amor de los protagonistas. 

He cambiado el motivo por el que la princesa se marcha. He suprimido el tema del incesto, pues creo que no es apropiado en absoluto para los destinatarios del cuento.

Me he detenido en describir sentimientos y ambientes para dar mayor realismo al relato y procurar que los destinatarios se involucren más en la historia .

He reducido las tres noches ,en las que la protagonista baila con el príncipe y luego le sube la cena, a una sola para simplificar y acortar la historia.

He añadido algunos elementos a la trama para dar un poco más de intriga y relacionar aspectos de la historia: el príncipe es el niño que desapareció, el príncipe le hace la misma pregunta cuando la encuentra en el bosque  y al final de la historia.

2. LO QUE HE MANTENIDO

-Que siga siendo un cuento de príncipes y princesas con contenido amoroso y sentimental.

-Que la reina muriese como consecuencia del parto.

-La decisión del padre de que su hija se tenga que casar, hecho que hace que la princesa escape.

 -La forma en que la protagonista es encontrada en el bosque y posteriormente llevada al palacio para trabajar en la cocina. También el que ella esconda su identidad para evitar volver a su situación anterior.

-Que la princesa vaya por el palacio con el abrigo para evitar que la reconozcan.

-El baile donde los protagonistas se enamoran.

-Que la princesa actúe para conquistar al príncipe.

-Que el príncipe pusiera el anillo a la princesa para posteriormente pedirle matrimonio.

 

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